Diario de una pandemia – 2.

19/03 – Día cuatro: “Estamos en guerra”

Quiero escribir y no puedo. Renata me estuvo haciendo toda la estética de toda la comunicación. Publico el taller literario on-line desde mi página web y de ahí lo comparto a mis redes sociales. Justo este verano había rediseñado mi página web porque quería que fuera la fuente de toda las novedades que debo comunicar a propósito de mis clases, libros y espectáculos.

Mi hermana Leslie está en las islas Galápagos y no puede volver. Los medios de comunicación están más insoportables que de costumbre. Manejan el miedo y el terror. No son lo mismo el miedo y el terror, cuando los manejas podés crear pánico. El pánico nunca es una emoción individual, sino una estrategia política. El terror es el máximo miedo que se puede sentir. El pánico, no tiene escalas como el miedo.

El presidente Alberto Fernández decreta aislamiento obligatorio y preventivo hasta el 31 de Marzo. Todo cambia. Dejo de sentir la excitación de adaptarme e improvisar de la mejor manera. Llega de pronto, la depresión, el freno de mano que detiene de pronto el automóvil que estaba en movimiento.

El presidente volvió a convocar a la ciudadanía luchar contra la pandemia y contra la “psicosis” lo cual ya me había caído muy mal. Pero ahora la guerra contra la psicosis ya no es una declaración del poder ejecutivo, sino que es una política de estado.  Una nueva variable, la planificación obligatoria del asilamiento. Lo vivo como un atentado contra mi constante búsqueda artística de espontaneidad y conexión con mis voces y visiones. Mi poética en una grieta, que no viene de la industria narco-terapéutica sino del sanitarismo político. Se refuerza desde el estado la lucha contra un “enemigo invisible”.

Veo confusión y reacciones apresuradas. Intento mantener la calma a pesar de cierta excitación maniaca que me atraviesa. Plantearme objetivos, siempre me ayuda. Salgo a disfrutar mi último helado antes del confinamiento. La heladería “Altri”, queda justo frente al Parque Chacabuco. Chocolate y chocolate suizo, mi última voluntad. Me siento en un banco del parque. Es una noche agradable, se acerca el otoño. En la tarde hablé por video llamada de WhatsApp con el elenco de “Parravicini”. Teníamos que hacer un balance del pre-estreno. Me compartieron sus devoluciones y las devoluciones recibidas. La primera vez en nuestras vidas que hacemos una devolución de un prestreno por video-llamada.

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20/03. Día 5: “Una obra de teatro”

Hoy Tenía que dar dos talleres individuales de literatura. Ceci M. pudo tomar el taller y terminar su primera obra teatral. Gran alegría. Me comentó además que esta pandemia mucho no la afecta porque ella ya vivía aislada por elección, pagando los costos sociales que asilamiento trae.

Agos T. no pudo tomar el taller hoy. No se conectó en la hora que habíamos acordado. Algo me imaginaba porque trabaja de psicóloga en un hospital general y debe estar desbordada en sus tareas y responsabilidades.

Después de dar el taller de la tarde, ya más animado por los buenos resultados de Ceci M., dediqué mucho tiempo por WhatsApp para charlar con mi familia de la posible repatriación de Leslie y a compartir información útil. La realidad se me presenta como una obra de teatro, pero no tengo miedo. Conozco estas sensaciones extraordinarias.

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21/03. Día 6: “Es una biodictadura”

Hoy fue un día muy difícil. Me costó mucho conducir algunos momentos de excitación en los que me dejo llevar por impulsos y bajan mucho mis barreras y niveles de racionalidad. No soy impermeable al miedo al caos. Me refiero a que en algunos momentos bajan mis barreras neurotípicas, aquellas que me articulan con el sentido común. En seguida empiezo a sentir estar haciendo cosas importantes, pero después más tranquilo recuerdo que en definitiva nada es muy importante y todo es muy importante.

Fui al supermercado y a la verdulería donde hubo un incidente porque un cliente no quiso adaptarse a la nueva forma de hacer la fila para comprar y pagar que el comercio había establecido en su implementación del distanciamiento social. El vendedor decidió no venderle mercadería. Comentamos la situación, me preguntó si había estado mal y le respondí que había estado bien.

En la mañana doy el taller de dirección en modalidad “on-line”. El pasaje de modalidad presencial a modalidad virtual no fue tan dramático supongo que porque eran solo 3 estudiantes, por lo cual no se perdió algo de la supervisión de cada proyecto. Una de las talleristas con familiares en Italia se puso a llorar por la situación de su país.

En la tarde la excitación maniaca me tuvo muy disperso y terminé filmando un video con mi receta de Knishes y Varenikes. En twitter se debate la necesidad de decretar estado de sitio para contener incidentes, estallido social y garantizar la seguridad nacional. No creo que lo decreten porque estamos muy cerca dela fecha del 24 de Marzo, día nacional por la memoria, la verdad y la justicia.

En la tarde hacemos la reunión del grupo de apoyo mutuo en salud mental de manera virtual y encuentro puntos de vista en mis compañeros similares a los que venía elaborando. Charlamos del aislamiento obligatorio y el distanciamiento social. Damián expresa sin dudas “es una biodictadura” lo cual representa una ventaja y una oportunidad para las personas neurodiversas con experiencias previas en encierro.  Ayer el ministerio de salud comunicó que las personas con discapacidad mental, psicosocial y cognitiva podían salir durante dos horas llevando ropa azul o cinta azul en el brazo, pero hoy un decreto de Alberto dejó sin efecto la medida. Una buena noticia que duró menos de 24 horas. Miro la película de terror “El hoyo” y baja mi energía. Este diario me organiza mucho.

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22/03. Día 7: “El eskape del panóptico”

Estoy meditando todos los días después de desayunar. Espero pronto poder empezar a hacer ejercicios que reemplacen mis salidas a trotar. Hoy ensayé lecturas, hasta que encontré una que me gustó, la filmé y la publiqué: Un fragmento de mi obra teatral “El eskape del panóptico”. Un filósofo francés analizó el sistema de auto-control y auto-vigilancia a partir del sistema de arquitectura panóptica carcelaria de Jeremy Bentham. En la cárcel panóptica existe efectivamente un espacio para el vigilante y un espacio para el vigilado, aunque el vigilado auto-regule sus propias conductas por no lograr nunca ver al vigilante.

Escapar de este sistema, como escapar de la vigilancia que los vecinos hacen de sus propios vecinos parecería ser imposible. Se ha instituido un sistema de control multi-panóptico.

Caminé una hora, hice un asado, miré la serie “The man in the high castle” y la pasé bien.

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